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De Troya a Roma. La historia tras el mito

MARQUÉS, N. F., APARICIO, P., De Troya a Roma. La historia tras el mito, Madrid, Desperta Ferro, 2026. 223 págs. ISBN: 979-13-990789-2-3.

         «Quamquam animus meminisse horret luctuque refugit, incipiam…». A juzgar por lo que cada año llega al mercado, la de Troya es, sin duda, la verdadera historia interminable, aunque cabe preguntarse, novedades arqueológicas aparte, qué más se puede cantar, otra santa vez, sobre la añosa Ilión y su guerra.    

Al calor de lo próximo de Cristopher Nolan -despellejado por pejigueros Tersites desde que sus primeros fotogramas-, no son pocas las obras, de toda laya, que, para sorpresa de nadie, brotan como setas a su rebufo aprovechando el más que previsible interés que suscitará entre el gran público la película y su asunto; Desperta Ferro ha publicado en 2026 la novela de Luis Villalón Fuego y bronce. Una epopeya de los Pueblos del Mar y un monográfico en torno a La Odisea. Entre el mito y la historia en su cabecera de Arqueología (nº 67). Y como guinda enjundiosa, lo que reseñamos, compuesto en pendant -sin que, incongruentemente, se especifique a quién corresponde cada parte (para darle al César lo que es del César)- por un dúo de conocidos divulgadores que, cosas de las sarcásticas Moiras, se llaman como dos de los personajes que contribuyeron a la caída de las ciudades del título: de Troya -Néstor- a Roma (pagana) -Pablo-; ¡hay que ser perverso!

Otro brillante acierto editorial, acaso el más importante para el gran resultado final del producto, es haberle dado rienda suelta a Aparicio Resco para que, como sensible historiador del arte que es, siembre las hojas de «una plétora de impresionantes ilustraciones y reconstrucciones virtuales en 3D» -como se promete desde la contraportada, cumpliéndose-, haciéndonos levantar del sillón orejero para coger la lupa y recrearnos en el sinfín de detalles de connoisseur insertos en el desbordante «caudal de espectaculares imágenes» que lo ilustran, creaciones originales todas y realizadas ex profeso para engrosar la colección «Ilustrados» de Desperta Ferro, en la que la dupla ya posee el exitoso volumen La Roma de Constantino (2024), codeándose de igual a igual con referencias obligadas del género como Jean Claude-Golvin o Radu Oltean.  

Tras deleitarnos con su maravillosa portada, protagonizada por el icono pop que inevitablemente (?) tanto nos recuerda al caballo de Wolfgang Petersen (y Brad Pitt) -lo aceptamos como animal acuático-, abrimos el tomo para toparnos con Troya en su apogeo a finales de la Edad de Bronce, en la que ya se despliega en cascada bajo la acrópolis la ciudad baja que los trabajos Manfred Korfmann en Hisarlik descubrieron concluyendo la pasada centuria, cambiando por completo la idea que se tenía hasta entonces del pequeño enclave. Y es que el muy minucioso rigor en las recreaciones (mejor que reconstrucciones de «lo invisible», consideramos), es uno de los principales marchamos de calidad. Al menos hasta donde la ciencia alcanza se ha hecho lo posible por abrir ventanas al pasado con verosimilitud…el resto es pura poesía hipotética, homérica y virgiliana.   

En relación a esto, quedamos sorprendidos por el tono épico con el que se redactan algunas de las partes en las que se divide la estructura tripartita del escrito, mas como se nos advierte en la propia introducción, se trata de una deliberada elección a la hora de narrar los obligados pasajes mitológicos, a los cuales suceden, eso sí, otros capítulos -hasta sumar una enéada total- en los que la prosa consagrada a la exposición de los vestigios arqueológicos y el análisis contextualizador de las fuentes adquiere la conservadora sobriedad de los latinos. Ahora bien, permítasenos discrepar acerca de que la «interpretación crítica» y/o una lectura evemerista de las tradiciones literarias «desmonta» [sic] (¿cómo la Columna Trajana?) algo, puesto que, opinamos, más bien contribuye a edificar el palacio de Sofía: no llamemos paz a desiertos desolados, colegas.   

A pesar de que Virgilio -se dice, se cuenta (!)-, en sus postrimerías quiso arrojar el manuscrito de la Eneida al fuego, el texto avanza con soltura a lo largo de las páginas cantando a las armas y al hombre «a través de la mirada de los vencidos» –id est, los refugiados migrantes (mándesele un ejemplar a Meloni, pagamos nosotros)-, y en el «itinerario» propuesto contemplamos enternecidos a sus autores siendo guiados por don Mario Agudo Villanueva (tu Marcellus eris…) cual Sibila de Cumas, a la sazón asesor de las partes «helenas» del relato (sic notus Ulixes?). De la Iliupersis al foro de Augusto, de la reina Dido a Acca Larentia, no falta nada de lo que debía estar y mucho es lo que, para nuestro solaz, además se añade, enriqueciendo el ensayo y diferenciándolo con respecto a otros relativamente similares que con anterioridad han abordado el tema.    

Sólo resta desearles que la Fortuna les sonría con las ventas, propiciándoseles un nuevo encargo. Como la cabeza de Julo Ascanio ardemos, pero en deseos de saber qué diantre será eso de la «historia real».

Vale!